Logia Siete de Abril

R.·. L.·. Siete de Abril en los VV.·. de Madrid

LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD

La evolución del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX

La Francmasonería fue favorecida pero al mismo tiempo utilizada por Napoleón, quién provenía de un medio familiar masónico. Aunque tenía en su seno sectores que permanecían republicanos o monárquicos constitucionales, la Francmasonería ofrece su apoyo a Napoleón y le aporta cohortes de oficiales (estimamos, por ejemplo, que de los 24 Mariscales del Imperio, 17 eran masones), prefectos, funcionarios y representantes de las elites culturales y económicas, que constituyeron la columna vertebral del régimen imperial. Cambacérès, redactor del Código Civil, es uno de sus representantes más eminentes. El Gran Oriente de Francia se desarrolla rápidamente hasta llegar a la cima de su poder. Cuenta con logias en toda Europa y contribuye a implantar así, en numerosos países, los valores de la libertad.

En cambio, la Restauración de la Monarquía en 1814 marca el comienzo de un período difícil. Las logias intentan, sin embargo, dar testimonio o mantener un perfil bajo, pero van a sufrir diversas penalidades y el número de miembros disminuye. La etapa de 1830 a 1848, con la Monarquía de Julio, es de estancamiento. Durante este período, grupos carbonarios y republicanos se organizan a veces en los bastidores de ciertos Talleres.

La Francmasonería francesa comienza así a politizarse y a encarnar las aspiraciones republicanas en los años que preceden a la Segunda República. Participa con entusiasmo en los acontecimientos revolucionarios de 1848 y la mayoría de los miembros del Gobierno Provisional eran masones o bien se convertirían en masones. Su influencia se refleja en muchas de las ideas y las medidas tomadas, comenzando por la abolición de la esclavitud, por Víctor Schoelcher, o la instauración del sufragio universal.

A partir de la elección del príncipe Luis-Napoleón Bonaparte en 1849 (que se convertiría en Napoleón III tras el golpe de estado del 2 de diciembre de 1851), la Francmasonería se encuentra nuevamente amenazada y vigilada, bajo la tutela del Príncipe Lucien Murat, impuesto como Gran Maestro durante una parte del Segundo Imperio. La asociación logra liberarse de esa tutela y, con la entrada en las logias de una nueva generación de jóvenes republicanos, se opone al régimen cada vez con más osadía. Tras la caída de Napoleón III en 1870, la Francmasonería se lanza con vigor a la edificación de la Tercera República. Algunos Hermanos de Logias de París fueron miembros de la Comuna de 1871, pero en las Logias de provincias y en el mismo GODF la actitud fue mucho más prudente.

Estos sucesos contribuyeron a acentuar una hostilidad entre la Francmasonería y la Iglesia que ya venía de antiguo. Es en esta época, además, cuando el Gran Oriente de Francia, por una decisión del Convento de 1877, en virtud del respeto a la libertad absoluta de conciencia, elimina la obligación de invocar al Gran Arquitecto del Universo en sus Logias.

En 1893 se crea la primera obediencia mixta internacional, que tomará el nombre de Derecho Humano, y que acepta la iniciación masónica de mujeres para todos los grados y todos los oficios de la Logia. Desde 1921, el Gran Oriente de Francia es la única Obediencia masculina que reconoce la calidad de la iniciación de las Hermanas y que las admite como visitantes en sus logias. Más tarde, en 1895, aparece la Grande Loge de France, que prolonga la existencia del Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y solamente admite su práctica (con la consiguiente obligación de la invocación al Gran Arquitecto del Universo en el inicio de los trabajos).

Los masones de finales del siglo XIX están influidos por el positivismo de Auguste Compte y sobre todo del Hno. Littré, por todas las teorías científicas y las ideas de progreso de su época. Entre los francmasones encontramos republicanos modernos, la mayoría radicales, numerosos socialistas, libertarios (Proudhon y Bakounine ya lo habían sido antes) y sindicalistas. Es significativo que Eugène Pottier, que escribió el himno revolucionario de La Internacional, haya sido francmasón.

Ante la hostilidad de una Iglesia mayoritariamente reaccionaria, los francmasones de la Tercera República, ya sea ateos o creyentes, se tornan terriblemente anticlericales. Convencidos de que la educación de los hombres, además de ser necesaria para arraigar la República, es la llave de la felicidad, y deseosos de liberar el espacio público de la influencia clerical, numerosos masones actuaron en defensa de la Instrucción Pública y del Laicismo. En Francia, la separación de la Iglesia y el Estado en 1901 da el último toque a esta obra. Hasta 1914, la extensión de las libertades públicas (con leyes sobre la libertad de prensa, la ley de asociaciones de 1901, la legalización del divorcio), las principales medidas de protección social, la creación de numerosas asociaciones, sindicatos o partidos, deben mucho a la influencia o la acción política de muchos masones.

La Francmasonería francesa, siempre comprometida de forma activa con la causa republicana, pasó por duras pruebas después de la primera Guerra Mundial. Se vuelve menos innovadora y peca, a veces, de un cierto elitismo. El nacimiento de los partidos políticos (especialmente del Partido Radical en 1901 y de la SFIO -el partido socialista- en 1905), junto con la extensión del asociacionismo sindical, hizo posible separar y clarificar los roles que la Francmasonería asumía parcialmente hasta ese momento y permitió, a su vez, que la institución se centrará en misiones más delimitadas. Por otra parte, la Francmasonería liberal, heredera de las corrientes filosóficas de los siglos XVIII y XIX, sufre la reducción de su espacio y limita su expansión, tanto a causa de los regímenes totalitarios (Italia, España, países de Europa central y oriental), como por la influencia de las ideas comunistas sobre las elites obreras e intelectuales. En Francia, la Ocupación reduce la cantidad de miembros de la Orden de 29.000 a 6.000.