La Francmasonería en España
En una fecha temprana, en 1728, se establece en España la primera logia, llamada “Las Tres Flores de Lys”, por el nombre del hotel de la calle de San Bernardo número 17 de Madrid donde se reúnen sus miembros. También recibió el nombre de “La Matritense”. Fue fundada por el Duque de Wharton, sus miembros eran ingleses residentes en España y tuvo una corta existencia.
Diez años después, en 1738, el Papa Clemente XII en la bula In eminenti condena la pertenencia a la Francmasonería y aunque en muchos otros países europeos tal condena no surte efecto y numerosos aristócratas, militares, comerciantes y alto clero pertenecen a la Orden, en España, en cambio, se persigue y procesa a quienes ingresan en ella. Algunos españoles se inician en Francia o en Italia, pero, a su regreso, tienen que mantener oculta su afiliación. En otros casos, se forman logias de españoles en el extranjero (como “La Reunión Española” formada por oficiales de la Armada en la ciudad de Brest). Sin embargo, durante el siglo XVIII no parece que haya habido un desarrollo continuado o estable de la Francmasonería española.
Es con la llegada de José I cuando la Francmasonería encuentra un ambiente propicio, de libertad e incluso de protección oficial. En 1809 se funda la Gran Logia Nacional para todas las Españas, que agrupa, poco después, hasta 34 logias bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia. Se puede decir que es en esta época cuando nace con fuerza la Francmasonería española, aunque pronto vuelve a eclipsarse al padecer de nuevo los rigores de la persecución en los largos años del absolutismo de Fernando VII.
En 1834, la Reina Gobernadora promulga una amnistía para los masones perseguidos y les faculta para ocupar cargos públicos, pero se mantiene de ahí en adelante la prohibición de formar parte de la Orden. Pese a ello, se registran numerosos y muy variados intentos de reorganización. Se funda en Lisboa, en 1838, un Grande Oriente Nacional de España, del que se conocen al menos tres logias de su dependencia, en Granada, Barcelona y Bilbao, así como un intento de abrir otra en Vitoria. Algo más tarde, grupos de masones españoles constituyen logias adheridas al Gran Oriente de Francia (en 1848 la Logia “La Sagesse” de Barcelona y en 1850 la Logia de “Los Amigos de la Naturaleza y la Humanidad” de Gijón).
La Revolución Gloriosa de septiembre de 1868 supone el reconocimiento de libertades de expresión, reunión y asociación que abren una nueva etapa en el desarrollo de la Francmasonería española. Numerosas logias, federadas o agrupadas en diferentes Grandes Logias u Orientes, empiezan a cumplir un papel fundamental en la modernización de España. En algunos sectores, en especial en la enseñanza y en el asociacionismo ciudadano, la labor de los masones fue significativa.
Durante la Segunda República, adquirió más visibilidad social y política, aunque con frecuencia tiende a exagerarse su capacidad de influencia. Ante la sublevación militar del General Franco, la Francmasonería declara su adhesión a la legalidad republicana. Al final de la guerra, el uno de marzo de 1939, las dos principales Obediencias masónicas españolas, dirigen a todos los masones del mundo una petición de ayuda para el exilio que iba a comenzar:
SABED: Que en el día de la fecha y en atención a las causas que justifican el estado presente de la España liberal, perseguida por el triunfo de las fuerzas enemigas, la Francmasonería Española se ve obligada a abandonar su país, y espera que todos prestéis la ayuda moral y material a vuestros Hermanos que, en el exilio forzoso, no dudan recibir de vosotros.

Un año después, el uno de marzo de 1940, el General Franco promulga una Ley específica para la represión de la “masonería y el comunismo”. Durante casi cuarenta años desaparece cualquier actividad masónica. Cuando se recuperan las libertades democráticas, poco a poco, se constituyen nuevas Obediencias, incluso algunas femeninas o mixtas. Aunque, también, uno de los efectos de aquél largo periodo de inactividad y falta de libertades, fue que, por primera vez en España, es constituida una Obediencia masónica conservadora. Pero a partir de los años noventa se forman nuevas logias que enlazan con la tradición progresista y laica que ha caracterizado históricamente a la Francmasonería española. Con la actual extensión de las logias adscritas al Gran Oriente de Francia, puede decirse que nuestra “cadena de unión” ciñe a miles de masones españoles que desde comienzos del XVIII hasta hoy han abrazado los principios y los métodos de la Francmasonería liberal.