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Tras mi muerte preferiría que la gente se preguntara por qué no me hicieron un monumento a que se preguntara por qué me hicieron uno. (Catón)

Franquismo y Masonería - I


Extracto de la plancha realizada por un hermano de la logia Siete de Abril.
“… la conspiración masónico-izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social…”
General Francisco Franco, 1 de octubre de 1975

Introducción

“Franquismo y Masonería”. Tanto se ha escrito y se ha dicho sobre el general Franco y los masones, que a estas alturas puede parecer pretencioso hacer una plancha sobre el tema. Solo la petición en este sentido por parte de algunos hermanos de mi Logia me ha impulsado a tomar la decisión de escribirla. No obstante, la imposibilidad de acceder a documentación de primera mano, la escasez de tiempo y la necesidad de ceñirme al siempre limitado espacio de una plancha, ha hecho que esta no sea otra cosa que el resultado de la recopilación, síntesis y resumen (algún crítico antimasónico diría un “refrito”) de una serie de artículos y publicaciones diversas sobre la materia. No obstante y pese a su escaso nivel, el trabajar en ella me ha servido para conocer un poco mejor esa ominosa época de la historia de España que fue la dictadura franquista, al menos en lo relativo a su relación con nuestra Orden. Si su lectura les es de alguna utilidad y de ella sacan algún provecho, su redacción habrá merecido la pena.

Breve biografía del general Franco; su fobia masónica

General Francisco Franco
Francisco Franco nació el 4 de diciembre de 1892 en el Ferrol, provincia de La Coruña. Su padre fue Nicolás Franco y Salgado-Araújo, era capitán de la Armada, su madre, María del Pilar Baamonde y Pardo de Andrade. Fue el segundo cuatro hermanos y no creció en un hogar feliz. Las diferencias de carácter entre su padre y su madre eran considerables, siendo él un librepensador, jugador y mujeriego, y ella muy conservadora y religiosa. El padre era autoritario y en ocasiones violento y los hermanos se refugiaban en su madre. Siendo Francisco el más despreciado por el padre por su voz atiplada (solía llamarle “Paquita”), fue también el que más buscó refugio en su madre, heredando de ella sus rasgos de conservadurismo y religiosidad.

Al cumplir 12 años, junto a su hermano Nicolás y su primo Pacón, entra en una escuela de preparación naval dirigida por un capitán de corbeta con la esperanza de, posteriormente, ingresar en la Armada. Su hermano logró en 1906 ingresar en la Escuela Naval de la Armada, pero él y su primo, al intentarlo el año siguiente, fueron rechazados. Ese mismo 1907, a los 14 años de edad, junto a su primo, ingresa en la Academia Militar de Infantería de Toledo. Se diplomó con el puesto 251 entre los 312 de su promoción.

Tras dos años destinado en el Ferrol, en 1912 fue aceptada su solicitud para incorporarse al ejército de África. En el transcurso de los diez años y medio que permaneció allí, logró una vertiginosa ascensión hasta alcanzar el generalato, convirtiéndose en el general más joven de Europa en aquella época.

Tras cinco años en África, habiendo sufrido una grave herida, fue ascendido a comandante y destinado a Asturias, donde dirigió la represión de los mineros en la huelga general de 1917.

Regresa a África en 1920, esta vez como jefe de una de las banderas de la Legión, fundada por Millán Astray. Dirigió las tropas que desembarcaron en Melilla tras el desastre de Annual en 1921. Tras ser ascendido a TCol. y nombrado jefe de la legión en 1923, participó en el desembarco de Alhucemas; posteriormente fue ascendido a Col . y, en 1926, a General de brigada, rango que alcanzó con 33 años.

A su vuelta a la península es nombrado director de la Academia Militar de Zaragoza, recientemente creada. Durante la II República fue nombrado Capitán General de Canarias, puesto que ostentaba cuando se unió al levantamiento militar del 18 de julio de 1936, que desembocaría en la guerra de España de 1936, donde fue nombrado por los militares rebeldes “Jefe del Gobierno del Estado Español”. Su exacerbada religiosidad, probablemente imbuida por su esposa Carmen Polo, le impulsó a considerar la guerra como una cruzada y, de este modo, justificarla.

Según Ferrer Benimeli, su aversión hacia la masonería puede provenir de sus fallidos intentos de ser aceptado en la Orden (su padre y su hermano Ramón eran masones). Según el TCol. D. Joaquín Morlanes (iniciado en agosto de 1925), Franco solicitó el ingreso en la logia Lukus de Larache siendo TCol. En la logia había civiles y militares, siendo estos últimos los que más se opusieron a su ingreso; aunque se argumentaron diversos motivos, el principal estaba relacionado por la aceptación por parte de Franco del ascenso a TCol. a pesar de haberse comprometido, junto con el resto de la guarnición de Marruecos, a no aceptar ascensos por méritos de guerra. Esta noticia de solicitud de ingreso y posterior rechazo fue también confirmada por Augusto Atalaya, que más tarde fue jefe de Falange de Tetuán, que en 1936 se incautó de los papeles masónicos de la zona y, entre ellos, del acta donde se reflejaba el rechazo del ingreso de Franco en la logia de Larache. Según una vez más el testimonio el TCol. Morlanes volvió a intentarlo de ya en plena República (concretamente en 1932), esta vez en Madrid; nuevamente fue rechazado, una vez más con los votos en contra especialmente de los militares. Pepe Rodríguez piensa sin embargo que su exacerbado catolicismo hubiera hecho imposible que solicitase su entrada en la Orden.

En cualquier caso, esta aversión permaneció hasta el momento de su muerte y esté perfectamente reflejada en una serie de artículos que publicó junto a su amigo y colaborador Luis Carrero en el diario Arriba entre 1946 y 1951 bajo el seudónimo de Jakin Boor y que posteriormente se publicaron en un libro con el título de “Masonería”. En su introducción dice literalmente:
Pero, además, surge este libro como una defensa de la Patria. Como decimos en sus principios: “no hubiéramos descubierto estas intimidades.., si la vesania y la pasión de que contra nuestra Patria dan muestras no nos obligase en nuestro puesto de vanguardia a no abandonar una sola de las armas que Dios nos ha puesto en nuestras manos”, Y ninguna más eficaz que desentrañar y hacer públicas las actividades de esa secreta institución, con sus fines conocidos (odio a Roma y a España) y sus hechos inconfesables.

Soporte ideológico de la represión

Aunque los apoyos a la rebelión militar de julio de 1936 procedían de familias políticas muy diferentes (monárquicos alfonsinos, monárquicos tradicionalistas, fascistas y otros), fue la ideología fascista, a la sazón en boga en Europa, la que terminó dominando el régimen político que se implantó a raíz del levantamiento y, sobre todo, del posterior nombramiento del general Franco como jefe del gobierno rebelde. Por tanto, puede resultar interesante conocer el pensamiento de los principales ideólogos del fascismo español (Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma y José Antonio Primo de Rivera) en relación con la Masonería.

Onésimo Redondo
Onésimo Redondo
Onésimo Redondo, abogado y fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), atribuye a la acción masónica el progresivo deterioro del sentimiento religioso y los intentos gubernamentales de conseguir una educación laica. Los proyectos gubernamentales para liquidar la formación religiosa de los centros educativos estatales “son fanáticos inquisidores de conciencias, traidores a la causa de la libertad, siervos de la masonería”. “Los periódicos masónicos, los judíos y los marxistas, así como los libelos infrahumanos que van contra el pudor, los sentimientos religiosos, la moral católica (...)” son dispositivos de los que se vale el poder secreto de los masones para, a través de titulares sensacionalistas, rumores, bulos infundados, etc., minar instituciones dignas de respeto, o desprestigiar hombres íntegros en beneficio propio cuyo último fin es conseguir una atmósfera libertina desde donde se repudie la moral católica. Las logias dominan no sólo determinados aparatos de poder, sino el mismo sistema en su conjunto. El corolario no es otro que la destrucción de la esencia española: “Sin duda somos juguetes de grandes criminales que especulan con toda nuestra riqueza y con nuestro honor de pueblo libre, conforme a los planes semitas y masónicos (...)”.Todos los que se sientan auténticamente españoles deben encontrarse incómodos y ofendidos por la agresión de la que son objeto "todos los (...) que no someten su conciencia a las oligarquías dominantes del marxismo disolvente y de la masonería con designios ocultos". De ahí que la única solución sea una lucha fratricida que acabe de forma radical con estos poderes secretos. El “Estado antinacional”, en definitiva la “República masónica”, -término que será profusamente utilizado por la publicidad antimasónica del Régimen del 18 de julio y que aparece en los textos de Redondo y sus correligionarios- tiene que perecer.

No obstante, como escribe Martinell Gifre, «Onésimo no llegó a proponer un sistema político completo y coherente (...) De hecho se dedicó solamente (...) a la crítica del sistema vigente y a insistir en la necesidad de un sistema nuevo». Precisamente es éste uno de los elementos que configuran el modelo propagandístico de contubernio masónico que los falangistas tratan de difundir y que el franquismo hará suyo: El planteamiento del término masón y de todo lo que de él se puede derivar -liberalismo, democracia, anticlericalismo república-, como algo perverso en sí mismo, y la necesidad de su eliminación de raíz, sin proponer algo sólido que lo sustituya. De ahí que los jonsistas se valgan de un lenguaje fundamentalmente retórico y acudan a los slogans y estereotipos: “POR LA UNIDAD NACIONAL, CONTRA LA ANARQUIA Y EL MARXISMO, POR LA ABOLICION DE LAS LEYES MASONICAS se ha pronunciado España”.

Ramiro Ledesma
Ramiro Ledesma Ramos
Ramiro Ledesma Ramos, funcionario de correos y estudiante de Filosofía y Letras y de Ciencias, fundó en 1931 La Conquista del Estado. Dirigido durante todo el período por el propio Ledesma, había estado precedido en febrero por un manifiesto político con el mismo título.

Ledesma centra su atención sobre la masonería en otro punto, especialmente el que la implica en la crisis política, social y económica de España, por ser los principios que informan las logias los mismos que dan consistencia al Estado liberal-burgués, el gran caballo de batalla del político zamorano. La República ha caído en la misma trampa que la Monarquía. Los ideales nacionales se encuentran desprotegidos una vez más y la masonería junto a sus elementos disolventes han hecho fracasar el régimen. Como dice Ledesma en un artículo de octubre del 31, las JONS deben hacer frente a dos fines prioritarios. Uno es “subvertir el actual régimen masónico, antiespañol”; el otro, “imponer por la violencia la más rigurosa fidelidad al espíritu de la Patria”. A ello dedicarán sus esfuerzos en los años siguientes.

La sociedad liberal, burguesa y masónica está imbuida por unos pseudo-valores que es necesario extirpar: "Pacifismo, Humanitarismo, Individualismo, Liberalismo”. Son estos antivalores los que conforman los grupos sociales propiamente burgueses que están desarticulando a España: especuladores de bolsa, prestamistas, burócratas o acaparadores de todo tipo. La República ya no tenía razón de ser puesto que había perdido definitivamente su oportunidad de desarrollo revolucionario. Los intereses antagónicos de logias, grupos de presión, marxistas, etc., habían conseguido desintegrarla.

La progresiva radicalización ideológica de Ledesma provocará incluso su ruptura con el cuerpo falangista de Primo de Rivera y Redondo. Elemento novedoso es la atribución del adjetivo masónico al entonces correligionario ideológico, Primo de Rivera. La utilización retórica y vacía de contenido del término llega aquí a extremos insospechados al identificar «masón», no ya con el liberalismo ni con el marxismo, sino con el grupo profascista rival. “Primo de Rivera, único culpable de la desunión jonsista, es la dificultad. Quienes contribuyan a sostenerlo son notorios enemigos de la unidad y sirven los intereses de la masonería y del marxismo (...)".

El siguiente fragmento de un artículo del propio Ledesma que resume a la perfección el modelo propagandístico antimasónico a difundir: “La masonería, en su doble aspecto de secreta y exótica, es perjudicial para los intereses nacionales y para la seguridad de la paz y el orden público (...) En la pérdida de nuestras colonias, en todas las revoluciones y cambios de régimen, en las diversas campañas de propaganda antiespañola en el extranjero, se ha visto clara la mano de la masonería (...) Estamos alerta. La masonería tiene estudiados planes de gran envergadura, cuya realización es indispensable paralizar. Pero a la masonería solamente se la puede aniquilar desde el Poder, y utilizando todos los resortes poderosos del Estado (…) Procuremos defendernos contra ella como podamos. Este periódico intenta ser uno de los más firmes baluartes antimasónicos”.

José Antonio Primo de Rivera: “la violencia contra la secta triunfante
José Antonio Primo de Rivera
José Antonio Primo de Rivera, hijo del Dictador y fundador de Falange Española, va a ser el pensador “nacionalista” de la etapa republicana más profusamente glosado e interpretado durante la guerra de España de 1936 y el franquismo. Por ello, sus reflexiones sobre el fenómeno masónico así como las de sus más estrechos colaboradores en publicaciones como FE o Arriba tienen gran trascendencia en la formulación posterior del contubernio.

Primo es el menos explícito respecto la Masonería de los autores vistos. En sus discursos y escritos trata en contadas ocasiones la cuestión masónica, aunque los periódicos que dirige o en los que su impronta ideológica es más palmaria -Fe y Arriba- castigarán mucho más con sus invectivas a la francmasonería.

Los artículos de Primo centran su atención en la dependencia que España mantiene respecto a poderes internacionales al servicio de las logias. La República Española, víctima de políticos ineptos, se ha puesto en manos de la masonería. En un discurso pronunciado en Cádiz el 12 XI 1933, comenta: “(...) España no es independiente. Los hombres que han regido España reciben sus consignas o de la logia de París o de la Internacional de Amsterdam”.

Primo es especialmente duro en sus apreciaciones sobre la política desarrollada en el denominado bienio progresista. En su artículo publicado en el primer número de Arriba, donde resume sus críticas sobre este período de la etapa republicana, condensa sus acusaciones en un punto denominado “Política antinacional”. Para Primo, durante el bienio España fue colonizada por tres poderes extranjeros: la Internacional Socialista, la masonería y el Quai d'Orsay. Para subsanarlo, nuevamente es lícito el uso de la violencia: “La violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano. Así, pues, el usar la violencia contra una secta triunfante, sembradora de la discordia, negadora de la continuidad nacional y obediente a consignas extrañas (Internacional de Amsterdam, masonería, etc.) ¿por qué va a descalificar el sistema que esta violencia implante?”.

El último rasgo que hemos querido destacar del modelo de propaganda antimasónica que quiere difundir el periódico es el que atañe al Frente Popular. Nada más expresivo que consignar la definición que del mismo hace uno de los articulistas: “¿Qué es el Frente Popular? El Frente Popular es este magnífico pisto. Se cogen estos ingredientes: el separatismo, el comunismo, el socialismo, el izquierdismo de todo pelaje, desde el que coquetea con la juridicidad hasta el que sirve humildemente a las logias, y se les mete en un saco”.

***

Clemente XII
Hay que destacar que ninguno de estos baluartes del fascismo español presentó nunca una argumentación coherente de las razones por las cuales la Masonería era la causa de los males patrios, sino que se limitaron a repetir, con diversos matices, una serie de tópicos al uso y que desgraciadamente aún hoy siguen teniendo su eco, según los cuales los masones eran personas pérfidas y conspiradoras, que perseguían subvertir el fin del orden establecido y acabar con los estados y con la Iglesia Católica. Bien podrían estar influidos por la animadversión de dicha Iglesia, que ya el 2 de abril de 1738 condenó a la Masonería mediante la bula ‘In Eminentis’ de Clemente XII con argumentos tan contundentes como los que siguen:
También hemos llegado a saber por la fama pública que se esparcen a lo lejos […] ciertas sociedades […] llamadas vulgarmente de francmasones [...], en las que hombres de toda religión y secta, afectada de una apariencia de honradez natural, se ligan el uno con el otro con un pacto tan estrecho como impenetrable […], a ocultar con un silencio inviolable todo lo que hacen en la oscuridad del secreto.
Pero como tal es la naturaleza del crimen, que se descubre a sí mismo, da gritos que lo manifiestan y lo denuncian; de ahí, las sociedades o conventículos susodichos han dado origen a tan fundadas sospechas en el espíritu de los fieles que alistarse es para personas honradas y prudentes contaminarse con el sello de la perversión y la maldad; y esta sospecha ha tomado tanto cuerpo que en muchos Estados […] han sido ya hace mucho tiempo proscritas y desterradas como contrarias a la seguridad de los reinos.

Esta entrada continuará en una segunda parte.