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El poder de cuestionar es la base de todo progreso humano. (I. Gandhi)

¿Por qué decimos que la Masonería no es una religión?

Esta entrada es el resultado de la valoración personal del H.·. Ibis, Maestro Masón de la R.·. L.·. S.·. Siete de Abril. Esta Logia no se hace responsable del contenido.

Religiones en el mundo
En muchas ocasiones se ha dicho que la Masonería es una religión e, incluso, una secta. Esta entrada es una manera de intentar demostrar que lo primero no es cierto y, como consecuencia, lo segundo tampoco.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define 'religión', en su primera acepción, como:
"Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto."
Esta definición puede ser válida para el contexto de la cultura de origen español y para la occidental en general, pero no es universalmente válida. Existen en Oriente religiones ateas, como el budismo o el taoismo (aunque esta última es más bien una escuela filosófica que, con el paso del tiempo y a causa de su contacto con diferentes culturas, devino en una religión). Si esto es así, a efectos de nuestro razonamiento y para evitar posibles interpretaciones parciales, habría que buscar una definición más genérica para el término.

Lo que de manera general caracteriza a las religiones, por encima de la creencia en la existencia de un Dios o no, es la presentación de un discurso escatológico (dar respuesta a la pregunta ¿qué sucede después de la muerte?) y, como consecuencia, otro soteriológico o salvífico (asumiendo que el destino de los difuntos es distinto según su comportamiento en esta vida, ¿qué hacer para estar entre 'los que se salvan'?). Conviene, para ampliar este punto, consultar la monumental obra de Mircea Eliade 'Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas'.

Visto de esta manera, desde un enfoque puramente formal, las religiones ofrecen a sus adeptos la certeza de una vida después de la muerte así como una fórmula para alcanzar el estatus de elegido. De esta forma mitigan el miedo a la muerte y a la vez ofrecen una esperanza a los desheredados, que pueden convertirse en bienaventurados en la vida de ultratumba. Como suele suceder que cada regla tiene su excepción, esta no podía ser menos: los miembros de la secta hebrea de los saduceos (en este caso el término 'secta' está bien empleado), por ejemplo, no creían en la inmortalidad del alma y, por ende, en la posibilidad de una vida de ultratumba y de una resurrección final.

Pero, si nos quedamos con la regla general, podemos decir que las religiones aportan un mensaje escatológico y otro soteriológico, mientras que la Masonería, por el contrario, no ofrece nada de esto; por el contrario, nuestra Orden no es otra cosa que una vía para el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad, lo que, en principio, la hace compatible con cualquier religión.

Pero el problema se puede enfocar también desde un punto de vista espiritualista. Para ello hay que recordar que la Masonería es una orden iniciática. Para esteblecer la diferencia entre iniciación y religión nos referimos a René Guénon, considerado de forma casi unánime como el último espiritualista de occidente, que dice:

"... la religión considera al ser únicamente en el estado individual humano y no apunta de ninguna manera a hacerle salir de él, sino, al contrario, a asegurarle las condiciones más favorables en este estado mismo, mientras que la iniciación tiene como meta esencialmente rebasar las posibilidades de este estado y hacer efectivamente posible el paso a los estados superiores, e incluso, finalmente, conducir al ser más allá de todo estado condicionado cualquiera que sea. (Cf. René Guénon, 'Apercepciones sobre la iniciación', Cap. III, 'Errores diversos concernientes a la iniciación')."
 No faltan sin embargo autores, como Robert Ambelain, que consideran a la Masonería espiritualista como una religión (Cf. Robert Ambelain, 'El secreto masónico', Cap. 17, 'La francmasonería y el espiritualismo'); el autor de esta entrada prefiere referirse a René Guénon, a quien considera mayor autoridad en esta materia.

Pero queda pendiente explicar por qué la Masonería no es una secta, como mucha gente piensa (la mayoría de los autores antimasónicos se refieren a la Masonería como "la secta masónica"). Para ello nos basaremos en dos referencias: el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), que en su voz SECTA la define como:
  • Doctrina religiosa o ideológica que se aparta de lo que se considera ortodoxo.
  • Comunidad cerrada, que promueve o aparenta promover fines de carácter espiritual, en la que los maestros ejercen un poder absoluto sobre los adeptos.
La otra referencia es la "Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal", que en su artículo 515 establece que:
Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración: 2.º Las que, aun teniendo por objeto un fin lícito, empleen medios violentos o de alteración o control de la personalidad para su consecución.

La Masonería tiene por divisa "Libertad, Igualdad y Fraternidad" y promueve la libertad absoluta de conciencia. Es absurdo pensar que una organización que actúa sobre la base de tales principios permita que nadie pueda ejercer el control sobre otros ni, mucho menos, controle la personalidad de sus miembros. Es más, a los masones nos gusta decir que la Masonería es una "antisecta", pues es difícil entrar y fácil salir (de hecho basta con comunicar a la Orden el deseo de abandonarla para que la salida se haga efectiva).

DIXIT
ibis Ibis, Maestro Masón de la Respetable Logia Simbólica Siete de Abril.