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La felicidad del cuerpo se funda en la salud; la del entendimiento, en el saber. (Tales de Mileto)

La influencia de la masonería madrileña en la política de la Segunda República Española (1931-1939) - II

Continuación del extracto del artículo publicado por Manuel Según Alonso en el volumen VI, nº 2, de la Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña (REHMLAC), de la Universidad de Costa Rica.

© Manuel Según Alonso y REHMLAC.

Diego Martínez Barrios
En  Madrid,  en 1932,  se  había  consolidado  un  importante  número  de  masones socialistas  y  radical-socialistas  que  no  compartían  los  postulados  del  partido  Radical, mayoritario en el GOE,  y en  el  que  militaba  el  propio Gran Maestre  Nacional, Martínez Barrio. Este grupo, los “críticos”, con la excusa de defender los principios de la Orden y de reconstruir la solidaridad masónica, quiso controlar a los cargos públicos y especialmente a los  diputados.  Para  ello,  pretendía  que  dejaran  sus  puestos  en  el  alto  Organismo  de  la Obediencia,  y  así, neutralizar  la  influencia  de  los  radicales. El  iniciador  fue  Aselo  Plaza apoyado  por  el  Gran  Maestre  de  la  GLRC,  Juan  Manuel  Iniesta  y  del  Gran  Secretario Ceferino González Castroverde y otros miembros secundarios del Gran Consejo.

Los radicales habían emprendido una campaña de derribo contra Azaña, acusándolo de haber establecido “su dictadura”. Al mismo tiempo que los conflictos internos de las logias madrileñas llevaron a una “verdadera rivalidad partidista”. Lo que explica, en nuestra opinión, lo  sucedido  en  la  GLRC y  el  empeño  de  algunos miembros  de  las  logias  madrileñas de controlar el Gran Consejo Federal Simbólico.

En ese periodo se desarrollan dos asambleas: la primera, extraordinaria, en febrero; y la segunda, ordinaria, en octubre-noviembre del 1932. En la asamblea del 20 al 22 febrero de 1932, se aprobó la obligación por escrito de todos los masones activos, o en sueños de ratificar el juramento masónico. Medida que pretendía que la autoridad de la Orden estuviera por  encima  del  partido  en  que  militaban  los  cargos  públicos  y  especialmente  los  “diputados masones”. La asamblea fue un éxito para los críticos y un varapalo para la Logia Regional del Mediodía, feudo radical pero, a su vez quedó visible la contradicción interna dentro de la GLRC,  debido  al  antagonismo  entre  las  logias  de  inspiración  radical-socialistas  y  las  de inspiración radical. La postura de Iniesta, miembro de los críticos, y que acababa de sustituir a Pedro Rico en la Gran Maestría de la GLRC, contrastó con la de los dos miembros elegidos para representar a las logias madrileñas, Joaquín Dicenta y Mariano Benlliuve Tuero; ambos de  la  logia  Unión,  y  obligados  a defender  el  dictamen  elaborado  en  la  Asamblea  Regional Centro. Dictamen que se oponía a cualquier enmienda que “atentase la intangibilidad de la Constitución de la Obediencia y que matizaba la propuesta relativa a la “ratificación de las promesas” haciendo hincapié en que los hermanos con cargo público “deberían dar testimonio de tolerancia poniendo siempre la fraternidad masónica por encima de todas las diferencias que pudieran separarles en las luchas políticas”.

Al mismo tiempo, la masonería madrileña tuvo que enfrentarse a un nuevo hándicap: el enfrentamiento de masones políticos en las propias logias, lo que provocó la intervención del GOE:

Todo control, asistencia y colaboración ha de llevarse a cabo de modo que suponga un absoluto respeto a las ideas políticas de los hermanos; sin la más mínima tendencia y mira  partidista,  sino  únicamente  en  defensa  de  los  elevados  principios  de  nuestra augusta Orden.
Además, tuvo que aglutinar la sociabilidad de los masones en logia y en el parlamento, provocando no  pocos  conflictos  que  incidieron en  el  desarrollo  masónico  madrileño. En definitiva,  se  producen  dentro  de  las  logias tensiones  entre  los  que  apuestan  por  una “masonería neutra” y los que lo hacen por una “militante”. Para unos, se había abandonado el verdadero trabajo masónico; para otros, era el momento de llevar a la sociedad los principios y valores en los que creían.

El auge de las logias madrileñas y de su Gran Maestre, Iniesta, posibilitó que en los meses siguientes se emprendieran varias peticiones a los cargos legislativos masones. Es el caso de la petición que se lanzó el 20 de marzo de 1932, desde la GLRC, apoyando la moción que  habían  presentado  dos  diputados  masones  perteneciente  a  logias  madrileñas,  Botella  y Gomáriz, a todos  los  talleres  de  su  jurisdicción  y  al  Gran  Consejo  Federal  Simbólico, solicitando que  se  dirijan  a  los  hermanos  diputados  para  que  vean  “el  modo  de  suprimir  o aminorar el presupuesto del culto y clero, en beneficio de la instrucción Pública”.

A primeros de abril de 1932, la GLRC pretende que se haga efectiva “la ratificación de promesas a la Orden”, puesto que la Comisión Permanente, había designado a la GLRC para recibirlas, pero éstas, se iban demorando. Ese mismo mes de abril, el día 13, un grupo de 30 de  masones  madrileños  salieron  hacia  Huesca  en  una  expedición,  organizada  por  la  logia Hispano-Americana, a la que había pertenecido Fermín Galán, para hacerle un homenaje.

En la Asamblea semestral de la GLRC, Iniesta organiza el ataque definitivo al Gran Consejo Federal Simbólico del GOE, con la excusa de la falta de asistencia de los miembros políticos al mismo,  la  mayoría  del  partido  radical,  a  los  que  acusa  de  total  inoperancia (no había abordado el tema de la reforma estatutaria y no habían obligado a ratificar el juramento aprobado en la Asamblea Extraordinaria de febrero de 1932).

La  respuesta  del  Consejo  a  la  desautorización  de  la  GLRC  fue  convocar inmediatamente la  Asamblea  General Ordinaria en  octubre  de  1932,  en  la  que presenta  su dimisión la Comisión Permanente del Gran Consejo Federal Simbólico. En esta Asamblea, se produce la renovación casi total de los consejeros y la dimisión del Gran Maestre, ganando la tesis de la no compatibilidad de los cargos masónicos con los cargos públicos profanos. Se acepta las dimisiones del Gran Maestre, pero se le pide que siga en su cargo hasta las nuevas elecciones. El poder del Gran Consejo pasó a manos de los críticos madrileños. Podemos ver, como mientras que en los documentos oficiales, y desde la dirección del GOE se saca de los  puestos  de  responsabilidad  a  los  masones  políticos;  por  otra,  se  invita  a  las  logias,  a  la creación  de  redes  de  “ideario  republicano  laico”. Se  hace  evidente el doble  lenguaje de  la GLRC.

Estamos de acuerdo con Gómez Molleda y Avilés Farré que defienden la tesis de que la iniciación de Azaña fue una operación política que sorprendió a muchos, incluso los más cercanos  a D.  Manuel, como Giral,  Mateo  Hernández  o  de  los  Ríos. Es  sorprende  lo  que dice, el propio Azaña: “En la ceremonia […], enorme concurrencia […]. No me importó nada aquello  y  durante  los  preliminares  estuve  tentado  de  marcharme”. Por  otro  lado,  parece apoyar  la tesis  de  la  operación  política  que  eligiera  la  logia  histórica  y  de  tendencia izquierdista,  Matritense, donde  además era  Venerable  Aselo  Plaza,  Gran  Secretario  del Consejo  y  hombre clave del  sector  crítico. El  Gran  Maestre  no  acudió, lo  que  no  pasó desapercibido a Manuel Azaña: “Martínez Barrio, Gran Gerifalte de la Casa, no asistió, quizás por los resquemores de estos días”.

Manuel Azaña Díaz
Para  Vidarte y  Fernando  de  los  Ríos  es  claro  que  la  entrada  de  Azaña  en  la  Orden estaba relacionada con la oposición de los radicales al Gobierno. Rafael Gerona Martínez afirma: “al rumorearse que Azaña proyectaba ingresar en la Masonería para hacerse dueño de mucho poder de ésta, los radicales decidieron ingresar en masa en la organización para evitar la  jugada  de  Azaña”. Por  su  parte,  el  sector  crítico  de  la  Obediencia  vio  ventajas  en  la iniciación  de  Azaña  pues  tenía  un  personaje  de  peso  en  sus  filas  que  podía  aunar  los descontentos de las logias ante los postulados de los radicales y eclipsar el liderazgo del Gran Maestre. En nuestra opinión, Azaña, pretendió con su iniciación ganarse al movimiento de izquierdas que había tomado el control de la GLRC y que intentaba hacerlo del Gran Consejo de la Obediencia.

La contraofensiva se produjo pocos días después, también en marzo, cuando Lerroux abandonó la logia Adelante de Barcelona, perteneciente a la GLE, y se afilió a la logia Unión del GOE, logia “política” cercana a los radicales. En esta logia estaban varios incondicionales de Lerroux como el venerable, Juan Sarradell que además era vocal del Gran Consejo Federal Simbólico.

Enterado  del  plan, el  Gran  Maestre  de  la  GLRC, Juan  Manuel  Iniesta,  no  tardó  en tomar medidas para acabar con el grupo de simpatizantes de D. Alejandro y por ende, con la Unión.  El 23  de noviembre  de 1932,  tras  la Asamblea  Ordinaria  del  Consejo,  destituyó  al venerable de la Unión, Juan Sarradell, y sancionó a varios de sus miembros. La excusa, “las deficiencias observadas en la apertura de los libros de la logia, concesión de afiliaciones sin los requisitos exigidos […], e irregularidades en el funcionamiento de la tesorería”. Antes de que disolvieran la logia, sus miembros decidieron darse “plancha de quite”, y con ello, poder afiliarse a otra logia. Muchos de los miembros, se afiliaron a la GLE, y fundaron la Unión nº 88, que tuvo su instalación definitiva en agosto de 1932.

Para Pere Sánchez Ferré, no hubo ningún motivo político en la disolución y todo se enmarca en cuestiones internas de la Orden. Nosotros creemos que hay suficientes indicios para poder reseñar el carácter político de la operación.

Esta entrada continuará en una tercera parte.