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Recordad que a lo largo de la historia, siempre ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre. (M. Ghandi)

La influencia de la masonería madrileña en la política de la Segunda República Española (1931-1939) - III

Continuación del extracto del artículo publicado por Manuel Según Alonso en el volumen VI, nº 2, de la Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña (REHMLAC), de la Universidad de Costa Rica.

© Manuel Según Alonso y REHMLAC.


Doctor Simarro
A finales de 1932 se plantea en el Gran Consejo la necesidad de que los diputados masones estuvieran unidos y así conseguir salvar el proyecto de ley sobre Confesiones y Congregaciones religiosas, sobre todo en los postulados de la Orden. El promotor fue Ceferino González. La falta de asistencia de miembros del Consejo retrasó la toma de decisión, que fue postergada hasta el día 18 de febrero de 1933.

Los sucesos de Casas Viejas, en enero de 1933, y el dictamen sobre la “Ley de Confesiones Religiosas” enturbiaron aún más las relaciones del gobierno con los radicales. Por su parte, los socialistas se sentían incómodos en el gobierno, lo que incluso llegó a que estuvieran a punto de abandonarlo en marzo.

El 1 de febrero de 1933, el Gran Maestre de la GLRC, Juan Manuel Iniesta, planteó la necesidad de creación de una liga laica, lo que dio lugar a la Liga de Educación y Enseñanza (LEYE), que vino a ser la sucesora de la Liga Nacional Laica. Para darle forma se reunieron representantes de logias madrileñas Génesis, Concordia, Primero de Mayo, Nomos, Hispanoamericana, Matritense, Condorcet, Ibérica y Unión, que fue reconstituida tras los sucesos que ya hemos visto, y la huida de muchos miembros a la GLE. Además, y más adelante, se incorporaron la logia de adopción, Reivindicación, y las de reciente creación, Augusto Barcia y Luis Simarro.

El periodo electoral a Gran Maestre del GOE terminó el 15 de junio de 1933. El ascenso de la GLRC y el requisito de que el Gran Maestre tuviera que residir en Madrid parecía que hacia viable la maniobra de Iniesta de aparcar a Martínez Barrio de la dirección del GOE e imponer la política desde las logias madrileñas. Pero los resultados no fueron los esperados, puesto que Don Diego, volvió a ser elegido. Reelección que produjo la salida de los madrileños del Gran Consejo. Pero su maestría fue corta, pues duró de junio de 1933 a mayo de 1934.

Las elecciones generales de España que se celebraron a finales de 1933, hicieron perder a la masonería dos tercios de los escaños además de llevar al gobierno a una alianza de la CEDA con los radicales. Alianza que terminó de envenenar la vida interna de la Orden, especialmente en el caso de la masonería madrileña, pues no entendía que se gobernara con una organización que estaba dispuesta a acabar con todas las reformas conseguidas y que les había acusado de antipatriotas y fanáticos.

Los críticos volvieron a iniciar una campaña para derrocar al Gran Maestre y a todos los radicales del Consejo con la excusa de que la masonería era vista por las fuerzas de izquierda como una organización política controlada por los radicales. En la Asamblea de la GLRC de ese año, Iniesta acusó a los masones de haber dado el gobierno a la derecha y de “prostituir sus mandiles”. Pero además creyó necesario “excluir a los malos masones y a los masones intermitentes por decorativos que sean”, y exigir a todos “una conducta profana adecuada a la conducta masónica, puesto que “la Orden no podía ser por principio estribo para la revolución”, pero tampoco “hacer de la Masonería un valladar contra la revolución”. En definitiva, la Orden no podía ser “ajena a la lucha contra un estado social injusto”.

Para estudiar la situación se crea la comisión “de los Nueve”, lo que provoca la queja de los críticos, por considerarla inoperante y controlada por los radicales. La logia Primero de Mayo, presentó recurso al Gran Maestre con fecha de 29 de marzo de 1934, lamentándose de que en la Comisión no estuvieran representados los afiliados militantes socialistas. En este comunicado, su Venerable, José Eduardo Calver Beltrán, simbólico Yumuti, se quejaba no solo de que no estuviera representado el partido socialista, sino que lo estaba mayoritariamente, el partido radical. Unos días antes, había dimitido Martínez Barrio como ministro de Gobernación del gobierno de Lerroux y el 16 de mayo de 1934, se hizo pública su ruptura con el partido radical.

El 23 de mayo de 1934, se inicia la Asamblea del Gran Consejo, presidido por su vicepresidente, Fermín Zayas. Asisten casi todos los representantes de las Grandes Logias Regionales; y entre ellos, por la GLRC, su Gran Maestre Iniesta, Ceferino González, Roberto Ruiz, Gómez Redondo y Morales; y dos miembros de logias madrileñas representando a las logias de Canarias que se acababan de incorporar al Grande Oriente Español, Aselo Plaza y Eugenio Arauz. El 26 de mayo, Martínez Barrio presenta su dimisión, alegando que “no se debían de tener cargos cuando por deberes ineludibles de orden profano no se podían consagrar al servicio de la Orden el esfuerzo y el tiempo necesario”. De manera interina fue nombrado Gran Maestre a Fermín Zayas; Enrique Barea Pérez, pasó a ser Gran Maestre Adjunto. En septiembre, se constituye Unión Republicana, en donde Martínez Barrio, coincide con algunos de los críticos, como Aselo Plaza y el día 25 de ese mes, el Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus Dependencias recuerda a todos los organismos “el deber ineludible […] de no permitir, […] tratar en los Templos ningún tema que directa ni indirectamente se relacione con la política partidista”.

La crisis política que se está viviendo, complica la vida de la masonería madrileña. Ante esto, las siempre irreconciliables GLE y GOE, hacen un frente común e incluso se puede ver, como algunas logias de ambas obediencias comparten un local en la calle de Alcalá. Ese año, la GLE trasladó su sede a Madrid, siendo Gran Maestre Mariano Larrañaga; desde ese momento los madrileños dirigen la Obediencia hasta la guerra. El 62 por 100 del nuevo consejo de Gobierno de la Obediencia eran masones madrileños, de los cuales el sector más duro, estaba afiliado a la Unión. En julio, el Gran Maestre, Larrañaga, y el Gran Secretario, Sarradell, dimiten siendo sustituidos por Luis Rodríguez Guerra como Gran Maestre y Álvaro Guzmán como Gran Secretario.

A partir de octubre, las logias de ambas obediencias paran su actividad debido a los acontecimientos represivos que siguieron a la Insurrección. El Gran Consejo del GOE, prohíbe la apertura de trabajos de forma temporal para evitar que los templos “se viesen comprometidos por los sucesos”. La GLRC se muestra perpleja, pero no los reanuda hasta enero de 1935, pues es desaconsejado por la autoridad gubernamental.

La Asamblea Extraordinaria del GOE de marzo de 1935 en Barcelona elige a Augusto Barcia como Gran Maestre, pero ante su dimisión, se convocan elecciones, siendo elegido Ángel Rizo que toma posesión oficial el 28 de diciembre de 1935.

La Gran Comisión Permanente encarga redactar un anteproyecto de nuevos Estatutos y Reglamentos, a una comisión de la GLRC, con el objeto de modernizar y democratizar los altos organismos de la Obediencia. Algunos sectores consideran que la comisión pretendía politizar la Orden, ya que entre otras medidas, se propone suprimir “la prohibición existente de discutir de política y religión de las logias”. Agrava aún más la situación que Rizo, el 30 octubre de 1935, emite “una circular […] para que se depurasen los talleres de la Orden de elementos que hubiesen colaborado con partidos que fuesen enemigos o detractores declarados de la misma”. Ofensiva que parecía ir dirigida a los radicales, aliados de la CEDA. Ángel Rizo no oculta sus deseos de renovar el GOE y apoyar al Frente Popular, pero a la vez, defiende volver al apoliticismo.

Por su parte, la GLE, en junio de 1935, elije como Gran Maestre a Juan Sarradell y en enero de 1936, envía una circular a sus logias pidiendo el apoyo al Frente Popular.

Esta entrada continuará en una cuarta parte.